Alguien me preguntaba, bueno, un chingo de gente me ha estado preguntando últimamente, más bien, desde que se veía venir el Mundial de Brasil 2014, que por qué no me gustaba el fútbol.

Contrario a lo que TODOS piensan, déjenme comunicarles que sí, me gusta el fútbol, o al menos antes me gustaba.
Me gustaba jugarlo, me resultaba entretenido. Pero siempre me gustó más la onda como “estratégica”. La organización de torneos, crear estrategias de juego, conocer los reglamentos, entrenamientos y así…

Cuando era niña empecé a jugar con los compañeros de la primaria, pero no a muchos les parecía porque, aunque usted no lo crea, todavía me tocó la época de “esas cosas no son para niñas”, e incluso los maestros me regañaban y me castigaban al verme jugando cosas “de niños” o traer juguetes de niños.
A los niños se les hacía raro pero al final lo que contaba era jugar. Era un deporte sano y aprendí bastante.

Crecí y las cosas no cambiaron mucho, pero empecé a conocer a más gente, gente la cual me empezó a cuestionar por muchas cosas, además del “¿por qué una niña juega fútbol?“. Las preguntas iban más allá de mi conocimiento, ya que en casa nunca hemos sido fanáticos. Mi padre siempre ha sido de ver Lucha libre, Béisbol, Fútbol americano, Box y Básquetbol. Y digo mi padre porque son regularmente los padres los que te inculcan un gusto o afición por algún deporte cuando eres pequeño. En mi caso jamás fue así.
Rara era la vez en la que veía partidos de fútbol, así que desconocía casi por completo el mundillo de algo que después de algunos años me di cuenta es una especie de religión en México.
Las preguntas fueron siempre las mismas: ¿Chivas o América?, ¿A qué equipo le vas?, ¿Qué jugador te gusta?.. Ésta muchas veces venía de mujeres que no sabían ni madres de fútbol y sólo se sentaban a ver el fútbol con sus novios para “quedar bien” y de paso a verle las nalgas a los jugadores.
También me topé con afirmaciones y ataques del tipo: Si no le vas al América eres una naca, Si no le vas a las Chivas no sabes de fútbol
Después empezaron a salir más equipos a la luz y a la fama, lo que creó en mí todavía más conflictos. Querer jugar fútbol era un calvario, siempre me sometían a un interrogatorio previo. Siempre se armaban peleas pendejas respecto a equipos. En fin…

El caso es que, lo que me hizo alejarme y hastiarme del pambol, fue la pinche gente que se obsesiona sobremanera con ésto al grado de que les duele más ver perder a su equipo favorito que ver morir a toda su familia a manos de unos narcos carniceros (por poner un ejemplo).

Me choca todo tipo de obsesión, musical, deportiva, literaria…

Así es…
Me chocan los “trues” esos que, si escucho otra cosa que no sea metal, me tachan de “poser” y de que no sé nada de música.
Me choca esa gente que se la pasa comparando películas con libros.
Me desespera esa gente que se obsesiona con un libro o un autor y piensa que todo lo demás es basura.
Me repatea esa gente que ha leído uno o dos libros, sobre todo de los que se han hecho populares (y que por lo regular son malos) y que ya se sienten súper cultos.
Y sobre todo, los del tema, esos que han tomado al fútbol como una especie de religión. No sé si tan fuerte como la religión católica, pero sí al grado del fanatismo enfermo. Su devoción a un equipo o a un jugador y la agresión que presentan hacia la gente que no lo conoce o que no comparte su opinión.

¡Ay, de tí! si decides abrir tu bocota y decirle a un chivista (o como les llamen) que le vas al América o viceversa. Que Dios te agarre bañado y confesado y se apiade de tu alma.
O como yo, si dices que “no te gusta el fútbol” y te digan: Pinche pseudo intelectual, mamila, antisocial, amargada, contreras, antipatriota, aguafiestas ¡y más!

Es molesto que ellos piensan que la que está mal soy yo por no estar igual de obsesionada que ellos por un equipo que por lo regular sólo está inflado de fama, viejas y dinero y no le importa realmente el deporte.

Y es cuando sale la gente que los ve como ídolos y creen que es lo mejor del mundo. Lo cual a veces es malo porque les generan expectativas vagas a los niños, pero bueno.

Lo que me lleva a… Aquí, para el mexicano promedio, cualquier basurita es un balón. Lo cual no sería malo de no ser porque en cuanto pueden empiezan a querer jugar, también empiezan a pelearse.
He visto niños que se disponen a jugar con una corcholata que se encontraron en el piso, pero que al final no hacen nada porque ya se están golpeando porque uno quiere ser tal jugador y el otro también. O juegan y se golpean porque “no fue gol” (#NoEraPenal (?) lel), o que el árbitro es un pendejo.
Claro… Cómo olvidar a la gente violenta, ¿verdad?, la gente que toma como pretexto a sus equipos o un juego para emborracharse y “hacer desmadre”. Luego ahí andan matándose y golpeándose sólo porque fulano no le va a tal equipo. O el clásico suceso de los vatos que golpean a sus esposas y a sus hijos cuando pierde su equipo. Así de pendejos se ponen con el fútbol.
Toda esa gente me enferma a mí, como yo les enfermo a ellos. No tolero su intolerancia (lol). Todos somos unos intolerantes.

Preferí no formar parte de su “religión”. Me gustaba el fútbol, pero como siempre vienen los pendejos y lo arruinan todo.

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