Todo mundo en éstas fechas siempre anda vuelto loco, y a veces me pareciera que sólo soy yo la única persona alrededor a la que no le interesa las festividades en lo más mínimo.

Todos me ven (como siempre) como a un bicho raro cuando me preguntan qué haré, dónde celebraré, qué regalaré (o qué me regalaron). Siempre mi expresión es la misma porque no sé qué contestar sin que piensen que sólo estoy de attention whore sintiéndome especial por no celebrar, o que esté dándoles lástima para que me inviten a algún lado.

Siempre he sido una persona apática, insípida y sangrona. Siempre que hablo, les digo las cosas como son pero regularmente nadie me cree porque, piensan, como dije, que lo hago para llamar la atención.
Pues bueno, vuelvo a hacer las aclaraciones y reflexiones que no había hecho desde hace quién sabe cuántos blogs.
Así que aquí les van algunas anécdotas pendejas, reflexiones, aclaraciones y una tarjeta 😀

Vengo de una familia pequeña que es parte de una familia medianamente grande, que es parte de familias muy grandes.
Cuando era niña me harté de tratar de aprender a “socializar” con parientes hipócritas. Siempre he sido una persona analítica, y cada año era la misma rutina en casa de las tías abuelas, aparentemente “gente bien”, y con toda la parentela y más: Comida cuyo sabor no recuerdo, regalos mediocres, abrazos hipócritas, festejos tontos, tradiciones pendejas (como eso de las uvas y calzones de colores). Ver a gente borracha, ver a gente diciendo estupideces, estar sentada en un rincón porque tus primos no te dejan jugar con ellos porque “eres niña”. Los demás ya son mayores y están en sus asuntos de mayores y nadie tiene tiempo para tus niñerías…
Años después, debido a que las cosas cambian, en casa todo era más tranquilo, pero al ser pocos, y todo constaba de una cena sencilla (para “festejar”) y listo, a dormir.
Ya años después, mi familia se iba con sus amistades o con su familia, y como esa familia no me traga por apática, antisocial y mamona, no quedaba más opción que quedarme en casa jugando videojuegos o viendo películas. Un día normal de vacaciones normales, con la diferencia de que tenía que estar soportando gritos, la tronadera de cohetes y la espantosa música de los vecinos.

Básicamente, cualquier fecha que haya que festejar me es indiferente. No es novedad tampoco que ni mi cumpleaños celebre. No se me hace algo muy impresionante por más que me quieran convencer.

También me desacostumbré a recibir regalos. Recuerdo que cuando cumplía años, mis papás me organizaban una fiesta, donde siempre iban mis parientes y no me regalaban nada. De todos los invitados, había muy pocos niños, los cuales como dije, nunca me juntaban, y si lo hacían era porque los obligaban y me veían raro, como que obviamente yo no formaba parte de su grupo y no me iban a dejar entrar tan fácil. A eso había que sumarle que siempre he sido pésima para socializar.
Hasta la fecha, las palabras me las sacan a punta de madrazos casi. No me gusta opinar nada porque siempre suelto polémica y me desespera estar lidiando con gente igual o más terca que yo defendiendo sus populacheras opiniones, donde siempre la mala del cuento soy yo.

Obvio, amiguitos no tenía. Así que por ello los únicos invitados eran parientes, adultos la mayoría.
Con el tiempo me hice más amargada, mis opiniones empezaron a ser tomadas en cuenta en casa y mis papás comprendieron que era por demás, así que se acabaron los festejos, reduciéndose solamente quizá a comprar un pastel o algo así. Ha habido años en los que inclusive se nos olvida a todos.

Alguna vez intenté asistir a festejos a casas de mis amistades, pero me fue igual. Era como lidiar con mis parientes pero sin poder defenderme a capa y espada porque no eran parientes míos.
Era estar aguantando las típicas preguntas incómodas y pendejas que parecen sacadas de un libreto repetido mal escrito y que se lo tatuaron todos en el cerebro. Esas preguntas de: “¿y el novio?, ¿y por qué no?, ¿y para cuándo? ya estás grandecita ¿eh?, ¿y la escuela?..”
Lidiar con la impotencia de no poder contestarles como debería y estar fingiendo risitas bobas y sacando argumentos igual de trillados que sus preguntas “para convivir” y no hacer quedar mal a mis amistades.

Tal vez sean esas malas experiencias las que me hicieron apartarme de los festejos. Tal vez todo eso, el ser una persona analítica, realista y sobre todo, pesimista, me han hecho ser como soy y dejar de darle importancia a esos pequeños detalles que la gente hace parecer tan grandes.

Así soy, apática, sangrona, payasa, inexpresiva, realista, pesimista.
En éste país donde todo mundo gasta a manos llenas, y el siguiente año a nadie le importa estar hasta la madre de deudas… ¿Qué importa?.. Al mexicano, mientras haya chupe y desmadre, lo demás no le importa.

Estoy harta de que cada año la gente chilla de lo mismo.
Que los regalos, que la cena, que la reunión y la madre… Que el año nuevo, que los cohetes, que la peda, que lo que sea.
Empieza el año y llega el predial, el aumento de precios, los pagos habituales… Los kilos de más, y es cuando todos empiezan a quejarse y a llorar. Cuando vez las filas de gente en el Monte de Piedad empeñando el XBox del niño que le regalaron de navidad (que compraron a crédito usualmente) porque no tienen ni para comer.
Las doñas… ¡Ay, esas doñas! quejándose conmigo que están gordas y están a dieta ¡AHORA SÍ!

Tal vez me preocupo demasiado… Tal vez debiera dejarme llevar alguna vez por la perrada, tal vez…
Pero en éste país tan culero con su gente tan ciega, no me es posible.

Perdón pero perro viejo no aprende trucos viejos.
Dejen de sentir lástima por mí, no la necesito. Ya me acostumbré, y es preferible estar a solas en casa con una cena habitual, disfrutando de una película con un jarrote de ponche o de atole (por “festejar”), a estar “socializando”.
Las fiestas y lidiar con personas es como que mi kriptonita. Si no es obligatorio, prefiero no hacerlo.
Me dan igual los festejos.

Pero igual, son fechas importantes, muchos las celebran, así que tuve que buscarle un lado positivo a esto (raro en mí), y sólo así pude encontrar cosas decentes: Muchos dulces, lucecitas bobas y brillantes y afecto de mi pequeña familia y mi reducido círculo de amistades.

Así que, bueno, ojalá que quienes festejen se la pasen bien, y aquí les dejo un zorro navideño como un saludo afectuoso (para socializar) 😀

¡Felices fiestas!