No, no voy a festejar nada ni a regalar nada. Como siempre, me voy a quejar y voy a exponerles algunos pasajes de mi aburrida e intrigante vida.
Todos sabemos que soy una persona antipática, antisocial y sangrona, así que no es de sorprenderse que yo sea una persona a la que no le gustan las fiestas y que por ende, nunca recibe regalos.
No digo que nunca me regalan cosas, pero han sido contadas las ocasiones en que alguna persona me regale algo. Casi puedo enumerarlas, aunque de momento no las tengo presentes todas por las lagunas mentales de la depresión. Usualmente siempre ha sido algo muy simbólico que puedo recordar. Y siempre han sido presentes pequeños de personas muy cercanas a mí, léase como mis papás o mis amigas y amigos (BFF).

En fin… Hace relativamente poco, o sea, cuando entré a trabajar, me preguntaban siempre el por qué no asisto a los convivios que organizan en el plantel y el por qué no quiero que me festejen mi cumpleaños.
Y la respuesta es simple: No me gusta.
No me gustan las fiestas ni los convivios, tal vez porque sea donde sea, soy yo la que tiene que “pagar los platos rotos”, o sea, desde poner dinero hasta limpiar el desorden. O tal vez por mis traumas de la niñez donde siempre me organizaban fiestas de cumpleaños a las cuales venía toda la perrada de parientes y colados, todos tragaban, nadie me felicitaba ni me regalaba nada, y que rara vez había niños, y los que había no me juntaban.

No sé, pero nunca le encontré sentido a eso de festejar mi cumpleaños o cualquier otra cosa. Va desde Navidad y cualquier otra fecha mundialmente relevante donde se tenga que reunir la gente y la familia.
Conforme pasaron los años, la fecha de mi cumpleaños se hizo tan irrelevante para todos desde que dejaron de hacerme fiestas, y para mí misma por la falta de interés en ello. Incluso, llegó a haber años en los que hasta a mí se me olvidaba que era mi cumpleaños por pasar como un día cualquiera.

Y qué decir de los regalos. Es raro, rarísimo que alguien me regale algo. Sea lo que sea. Y es tan raro que la verdad me convierto en una especie de papa cuando recibo uno.
Cuando alguna persona ha llegado a darme un regalo usualmente su reacción ante mi reacción es algo como, decepción quizá, al ver que no me emociona el hecho, o que tal vez no me gustó lo que me dieron.
Y no es que no me haya gustado, o que no haya sentido nada. Lo que pasa SIEMPRE es que no tengo ni la más mínima idea de cómo reaccionar ante un presente. No sé qué hacer, ni qué decir, solamente veo lo que me hayan regalado y trato de articular un “gracias” y mientras trato de reaccionar, mi cara de terror ante no saber qué hacer es bastante funesta, lo que siempre conlleva a malas interpretaciones de quien me haya dado el regalo y es casi seguro que piensan cosas como: “Ésta pinche vieja… Todavía que le doy un regalo y me hace caras o no le gusta“, pero les aseguro que no es así.
Aunque también cabe mencionar que cuando recibo un regalo me siento rara porque me he hecho lo suficientemente independiente como para decir que puedo comprarme mis propias cosas sin necesidad de que alguien me las regale, por lo que algunas veces el recibir un regalo me hace sentir inútil y tal vez por eso no sé cómo reaccionar al estar acostumbrada a ser YO la que me regale cosas a mí misma (sí, bien forever alone yo, ya sé).

Así que… Yo a diferencia de la gran mayoría, no soy una persona a la que le guste festejar, ni en pequeño ni en grande. Yo soy de las personas que si de plano es muy obligatorio el “festejar” algo, prefieren simplemente estar con un reducido número de personas (4 como máximo) en un lugar tranquilo, a estar es una de esas famosas mega-pedas repletas de gente que luego uno ni conoce, en lugares muy escandalosos, que luego terminan en orgias y gente intoxicada en algún hospital.

E igualmente, prefiero no recibir regalos. No sé qué hacer, no sé qué decir, y realmente no me importa recibir o no recibir cosas. Aunque irónicamente, es a mí a la que le gusta regalarle cosas a otras personas, no para que me regalen a mí, simplemente porque me gusta hacerlo y saber que les he alegrado el día de alguna manera, cosa que también indirectamente le hace pequeños remaches a mi destrozada seguridad personal y ya no me siento tan inútil… No sé por qué, así soy de rara.

Y no, no, ésto no lleva ningún mensaje subliminal así como de “ésta pinche ‘attention whore’ ha de querer que le hagan una fiesta y le den regalos“…
No, no, no, ¡NO!, definitivamente si alguien llegara a hacer eso, va a terminar haciéndome llorar, salir corriendo a esconderme abajo de un puente para ponerle balas a mi fusca y después suicidarme. Así que si no quieren cargar con una muerte en su conciencia, nisiquiera piensen en hacer algo así.