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Crónicas pendejas: El drama detrás de la ausencia

Regresé a dar señales de vida porque tenía algunas personas encima preguntándome qué onda y pues, heme aquí.
Y es que últimamente he tenido ganas de bloggear, pero a pesar de que los temas son infinitos no hago nada, y si se me ocurre algo rápido siento que no es digno de gastar todo un post de blog y pongo tweets o agrego algo en tumblr.
Por cierto, si están interesad@s, las direcciones están en mi Profile o en la barra lateral :)
Tampoco comparto música ya, porque no he comprado nada.

Aparte de que, en los últimos meses han pasado algunas cosas que me han derrumbado, ergo, no ando muy “de buen humor“.
Es entonces cuando aparece la gente en el trabajo, en la escuela y peor, en mi reducido círculo social, que al parecer NUNCA TIENE PROBLEMAS (porque se sienten dignos de tirar la primera piedra) a decirme que he cambiado, que me he vuelto más huraña, que ya no convivo con nadie, que me he vuelto muy “emo” y depresiva, que no atiendo invitaciones, que no acato órdenes “al instante”, que si antes no hablaba, ahora parece que soy muda, que a todos los miro feo, que me he vuelto más mamona y demás pendejadas por el estilo.

Pues déjenme decirles que todos estos cambios, como he dicho entre líneas, tienen un origen, bueno varios; y la verdad ya estoy hasta la madre de que me digan todo eso. Ahora resulta que los patos le tiran a las escopetas y que todos pueden “cambiar” menos yo :jaja:
Sepan todos que desafortunadamente y aunque no lo parezca, soy humana y resulta que tengo problemas también.

Además, a estas alturas del partido y con mi apretada agenda de muchas ocupaciones y cero resultados positivos, no me da tiempo de postear ni de hacer lo que antes me gustaba y que hacía cuando era nini, o que tuviera una sola actividad desgastante (trabajo o escuela).
Ahora cuando tengo tiempo no se me ocurre nada, y lo malo es que muchas veces la razón principal de mis interminables bloqueos “artísticos” tiene nombre y apellido. Eso también algún día tenía que pasarme, lo feo es que en mi caso, a diferencia de TOD@S USTEDES personas perfectas y con suerte, a mí las cosas me salieron mal.

En fin, sé que me he vuelto una persona poco productiva precisamente en cuanto a éste ámbito se refiere, que ya no dibujo y no he progresado en ello, que ya no escribo, que ya no hago fanlistings (inclusive cerré varios) ni bloggeo pendejadas, ni hago comic strips y que muy rara vez juego online, pero bueno, algún día tenía que pasar que el mundo real me empezaría a consumir lentamente.

Ahora pasaré a las crónicas pendejas light, o sea les platicaré en pocas líneas algunas cosas “chuscas” y típicas que me pasan en el mundo real dignos de exclamar un “hazme el chingado favor” (sí, como en el blog aquel) y un “FUUUUUUUUUU…

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Crónicas pendejas: De paranoia y psicosis colectiva

¡Bienvenidos a la sección de “Crónicas pendejas“!
Esta es una sección que seguro tendrá siempre un lugar en Carpe Noctum porque… No, no… anécdotas y crónicas pendejas tengo demasiadas :jaja:
La de hoy es, una de esas cosas que dice uno, “nunca me va a pasar” pero pasan, o al menos una especie de simulación pasó hoy.

Pues bueno, algunos ya saben que trabajo en una escuela ubicada en pleno Centro Histérico (perdón, Histórico), y pues, que en este rancho donde vivo últimamente se ha puesto “de moda” eso de las balaceras, ya sea entre cárteles de narcos, pandillas locales, o delincuentes misceláneos.

El caso es que la tarde de hoy jueves 14 de octubre del 2010, estaba yo esperando a que salieran los chamacos ruidosos de clases para continuar con mi trabajo.
Ya había padres y madres de familia afuera esperando la salida, y yo estaba pendejeando en mi teléfono con el Snaptü, una app muy útil, por cierto para quienes no tenemos teléfonos mamalones y tenemos adicciones bizarras por el Twitter (en mi caso) o el “caralibro“, por mencionar algunas.

De pronto se oye algo que truena, como cohete, no hice caso, y seguí pendejeando. Para esto ya estaban saliendo los niños de primer año (los “chiquitos”).
Después se escucharon varias detonaciones más, muy seguidas como si fuera una ristra de cohetes o balazos. No presté atención, seguí en lo mío y de pronto que empiezo a escuchar niños gritando y llorando, señoras gritando y vi como los niños se regresaban a sus salones, acompañados de señoras y algunas maestras, y que los niños que ensayaban en el patio los mandaron casi corriendo inmediatamente a sus salones. Entonces fue cuando dije “what the fuck?!”.
Para esto yo andaba en el tercer piso de la escuela y me dispuse a bajar a ver que pex, pero fui interceptada por una marabunta, estampida, montonal (llámenle como quieran) de señoras corriendo histéricas por las escaleras, con niños y no pude bajar ya, me llevaron entre la corriente y pues regresé al tercer piso.

No quise quedarme con la duda y en cuanto vi a una de las maestras que venía con dos señoras pregunté qué onda, el por qué la histeria colectiva, y me dijeron que había habido balazos por una callecita, cuyo nombre no recuerdo ahorita; el caso es que pidieron no le dijeramos nada a los niños.

Me saqué de onda, aunque la neta no me extraña ya que haya balaceras en este ranchito a plena luz del día, pero no me quedé muy a gusto y bajé de nuevo, para ser de nuevo interceptada ahora por más señoras histéricas y ¡un policía! el cual iba hablando por radio y decía algo de “reporte de balacera”.
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