Crónicas pendejas: De paranoia y psicosis colectiva
¡Bienvenidos a la sección de “Crónicas pendejas“!
Esta es una sección que seguro tendrá siempre un lugar en Carpe Noctum porque… No, no… anécdotas y crónicas pendejas tengo demasiadas ![]()
La de hoy es, una de esas cosas que dice uno, “nunca me va a pasar” pero pasan, o al menos una especie de simulación pasó hoy.
Pues bueno, algunos ya saben que trabajo en una escuela ubicada en pleno Centro Histérico (perdón, Histórico), y pues, que en este rancho donde vivo últimamente se ha puesto “de moda” eso de las balaceras, ya sea entre cárteles de narcos, pandillas locales, o delincuentes misceláneos.
El caso es que la tarde de hoy jueves 14 de octubre del 2010, estaba yo esperando a que salieran los chamacos ruidosos de clases para continuar con mi trabajo.
Ya había padres y madres de familia afuera esperando la salida, y yo estaba pendejeando en mi teléfono con el Snaptü, una app muy útil, por cierto para quienes no tenemos teléfonos mamalones y tenemos adicciones bizarras por el Twitter (en mi caso) o el “caralibro“, por mencionar algunas.
De pronto se oye algo que truena, como cohete, no hice caso, y seguí pendejeando. Para esto ya estaban saliendo los niños de primer año (los “chiquitos”).
Después se escucharon varias detonaciones más, muy seguidas como si fuera una ristra de cohetes o balazos. No presté atención, seguí en lo mío y de pronto que empiezo a escuchar niños gritando y llorando, señoras gritando y vi como los niños se regresaban a sus salones, acompañados de señoras y algunas maestras, y que los niños que ensayaban en el patio los mandaron casi corriendo inmediatamente a sus salones. Entonces fue cuando dije “what the fuck?!”.
Para esto yo andaba en el tercer piso de la escuela y me dispuse a bajar a ver que pex, pero fui interceptada por una marabunta, estampida, montonal (llámenle como quieran) de señoras corriendo histéricas por las escaleras, con niños y no pude bajar ya, me llevaron entre la corriente y pues regresé al tercer piso.
No quise quedarme con la duda y en cuanto vi a una de las maestras que venía con dos señoras pregunté qué onda, el por qué la histeria colectiva, y me dijeron que había habido balazos por una callecita, cuyo nombre no recuerdo ahorita; el caso es que pidieron no le dijeramos nada a los niños.
Me saqué de onda, aunque la neta no me extraña ya que haya balaceras en este ranchito a plena luz del día, pero no me quedé muy a gusto y bajé de nuevo, para ser de nuevo interceptada ahora por más señoras histéricas y ¡un policía! el cual iba hablando por radio y decía algo de “reporte de balacera”.
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